Existen muchas opciones en el mercado a la hora de subtitular, y muchas de ellas pueden ser útiles para tener una noción sobre lo que se habla en la pantalla, de forma gratuita.
Pero los programas automáticos presentan muchos problemas. Por un lado, los técnicos del formato en sí: falta de sincronización y dificultades a la hora de seguirlos por su formato (o falta del mismo, o de una ratio palabras/minuto adecuada que posibilite su lectura relajada). Amén de los errores de transcripción. Todos conocemos lo que sucede cuando un mensaje de voz se transcribe automáticamente a uno de texto…
Por otra parte, hay infinidad de aspectos que no son tratados por el programa automático: aspectos de precisión y terminología técnica adecuada, y adaptaciones culturales de los juegos de palabras, expresiones y referencias, para que el espectador pueda entender realmente lo que está viendo en pantalla.
Un caso aparte es el subtitulado dentro de un mismo idioma (intralingüístico) con descripciones para personas con discapacidad auditiva, la opción de «subtitulado para personas sordas» (SPS) que en España está regulado por la norma UNE 153010 y que apoya la comprensión total del material visual aportando información no verbal (sobre sonidos que se escuchan, identificación de hablantes, expresiones como suspiros o risas, descripciones de la música…).